Propósito profesional: por qué preguntarte qué te hace feliz es más útil
El otro día escuchaba el podcast de Uri Sabat, La Fórmula del Éxito, en el que entrevistaba a Sergio Fernández. Hablaban de cómo la inteligencia artificial está transformando el mundo laboral.
Y comentaban algo que se me quedó dando vueltas en la cabeza: quizás llegará un momento en el que muchas de las tareas que hoy nos dan estructura, identidad o propósito podrán ser hechas por máquinas. Y entonces aparecerá una gran pregunta: ¿qué hago ahora con mi vida?
La respuesta de Sergio me pareció muy interesante. Él decía que el mundo profesional siempre ha consistido en resolver problemas. Da igual la época: con electricidad o sin ella, con internet o sin internet, con IA o sin IA. Mientras existan seres humanos, existirán problemas por resolver.
Lo que cambiará será el tipo de problemas.
Si antes eran más técnicos, ahora probablemente serán más humanos, más sutiles. Problemas como ayudar a alguien a encontrar dirección, claridad o propósito.
Y es curioso porque en los últimos años no hemos parado de escuchar lo mismo: encuentra tu propósito.
Yo, que soy una persona muy emocional y a la vez muy práctica, me he hecho esa pregunta muchísimas veces. Y no sé tú, pero yo cada vez sentía un peso enorme. Como si hubiera una respuesta correcta que aún no había encontrado.
¿Y si la pregunta está mal planteada?
Con el tiempo empecé a sentir que quizás la pregunta estaba mal planteada. Recuerdo que hace un año estaba en un evento de networking e hicieron la famosa pregunta “¿cuál es tu propósito?”. En cuanto escuchaba a todo el mundo hablar de sus propósitos, a mí me salió decir:
“Mi propósito es ser feliz. Y hay muchas cosas que me hacen feliz.”
Me hace feliz ayudar a la gente. Me hace feliz vivir cerca del mar, estar com mi familia, escribir. Me hace feliz conocer personas nuevas, viajar, imaginarme otras vidas. Me hace feliz ver a alguien que tener un sueño y que lo haga realidad.
Desde ese día cambié mi relación con la idea del propósito. Creo que preguntarte qué te hace feliz es algo mucho más leve que preguntarte cuál es el propósito de tu vida. No hay tanta presión y es más real.
Porque, sinceramente, creo que es muy difícil (sino imposible) resumir toda nuestra identidad y todo lo que queremos hacer en una sola respuesta.
Hoy esa manera de ser feliz en mi trabajo tiene un nombre: coach de transición profesional. Pero antes de todo esto, muchas de las cosas que me hacen feliz ya estaban presentes cuando trabajaba en el mundo corporativo.
La última empresa en la que trabajé tenía la misión de cambiar la manera en que el mundo come. Era una empresa de carne vegana. Empecé creando el departamento de Relaciones Públicas y terminé liderando el área de Marketing. Y también era feliz ahí.
Era feliz porque trabajaba con personas increíbles. Porque ayudaba a mis compañeros a conseguir sus objetivos. Porque sentía que construíamos algo juntos. Porque cada año conocía gente nueva. Porque podía viajar y terminé teniendo libertad geográfica. Porque me dejaban crear y porque había una misión colectiva detrás del trabajo.
Rory Sutherland tiene una frase que me encanta. Dice: “lo contrario de una buena idea también puede ser una buena idea.”
Y creo que eso es lo que pasa con el propósito y con el trabajo. No hay una única forma correcta. La clave está en encontrar tu propio equilibrio, aquello que te hace sentir bien.
Hay tantas transiciones como personas
Hoy parece que todas las transiciones profesionales tienen que terminar en emprendimiento. Pero no tiene que ser así. Y tampoco tiene por qué no serlo.
Para mí, una transición profesional tiene más que ver con evolucionar junto a tu vida que con encajar en un modelo concreto.
Puede ser alguien que quiere emprender. Pero también alguien que quiere dejar de emprender y volver a trabajar en equipo. Alguien que busca más tiempo con su familia. Alguien que quiere viajar. Alguien que quiere construir una marca personal. Alguien que quiere monetizar un hobby. Alguien que, simplemente, quiere sentirse más alineado con la vida que está viviendo. Incluso la jubilación es una transición profesional, porque no dejamos de transformarnos cuando dejamos de trabajar.
Hay tantas formas de vivir una carrera como personas y momentos.
Creo que hemos simplificado demasiado la conversación sobre el trabajo. Como si emprender fuera automáticamente libertad y realización personal, y trabajar en una empresa significara resignarse.
Se dice que en nuestra vida nos pasamos una media de 90.000 horas trabajando.
90.000 horas.
Así que quizás el propósito no sea encontrar una única definición de nosotros mismos para siempre. Quizás sea construir una vida que se sienta alineada en cada etapa que vivimos.
Nuestro verdadero propósito no es hacer una única cosa toda la vida, sino aprender a construir una vida en la que podamos sentirnos felices siendo quienes somos en cada momento.
A veces eso será emprender. Otras veces trabajar en equipo. A veces explorar. O descansar. O empezar de nuevo.
Al final, como siempre digo: una vida que te guste y te dé paz.
¿En cuál de estas situaciones te reconoces tú?