El verano siempre sabe a qué quieres dedicarte.
Cuando te das permiso para ser, aparece información sobre tu vocación. Este verano, obsérvate.
Reconozco que el verano siempre ha sido mi estación preferida. Quizá por eso intenté burlarme del tiempo yéndome a vivir a Brasil.
Empecé en São Paulo, donde hacía un frío que nadie me adviertió, y fui buscando mi lugar hasta llegar a Caraíva, en el estado de Bahia. Para un español, Bahia es algo así como Andalucía: el calor, la gente, ese magnetismo que hace que todo el mundo quiera estar aquí. Pero con temperaturas que en pleno invierno no bajan de 22 grados. Fue, entre otras cosas, una búsqueda para vivir en un verano eterno.
Recuerdo una conversación con mi amiga Marina antes de irme. Marina no habla, ella escupe poesía por la boca. Le parecía extraño que quisiera vivir siempre en esa estación. “Pero Raquel, el verano no sería tan único si no supiéramos que, tarde o temprano, va a acabar”, me dijo. Pero no era eso lo que yo quería oír...
El verano, para mí, siempre ha significado permiso. Permiso para improvisar, para no mirar el reloj, para exagerar con los planes, con los amigos, con el comer fuera, con los vinos espontáneos y con la playa: cabello al aire y sal en la piel. Permiso para no preocuparme por el mañana. De alguna manera, yo quería hacer de mi vida exactamente eso.
El año que me vine a vivir aquí lo empecé en España. Había pasado noviembre y diciembre en Caraíva y lo tenía claro: este era el lugar. Pero tuve que volver para resolver unos temas burocráticos que me llevaron cinco meses. Así que crucé el charco justo cuando allí entrábamos en verano. Al llegar de nuevo a Caraíva, la temperatura era la que me habían prometido, pero la energía era de invierno, casi igual a la que había dejado. Y entonces entendí que las estaciones no se dejan burlar.
Con esa energía de invierno empecé a preguntarme por qué yo tan diferente en verano. Por qué era la única época en que me permitía ser. Qué había detrás de eso, de esa versión mía más liviana y más entera. Y caí en algo: casi todas las experiencias que me habían hecho sentir más yo ocurrían en verano. Cuando me daba permiso para ser. Y eso me hacía enamorarme, no solo de la estación sino también de mí misma. De esa autenticidad que el resto del año guardaba en un cajón.
La pasión es una de las modalidades del amor. Es aquello que alimenta tu energía, que le da sentido a que tú estés aquí, que hace que el tiempo pase de otra manera. Y tiene mucho que ver con el amor.
Los griegos definían muy bien los diferentes tipos de amor, que, de alguna manera nosotros hemos ido perdiendo por el camino. Distinguían varios tipos. El ágape, el amor universal, ese dar sin esperar nada a cambio. El storge, el amor de familia, el que va de padres a hijos y viceversa. El eros, que es el que más usamos cuando decimos “amor”, es el amor romántico y la atracción sexual. Y el philia, el amor de amistad, el de la lealtad, la complicidad, el compartir. También es ese amor natural hacia las cosas que te conecta con lo que eres (de ahí el sufijo filia).
Lo que veo en muchas transiciones profesionales es la falta de philia.Personas que se han desconectado de su elemento, de ese punto de autenticidad donde consiguen ser ellos mismos. Y, por eso, cualquier proyecto se siente pesado, el trabajo acaba viéndose como una obligación, y la vida, como algo que pasa mientras esperas una nueva estación.
Acabamos de pasar San Juan. El verano acaba de empezar, así que si tienes la posibilidad de descansar estos meses, te invito a algo concreto: obsérvate. No lo hagas como una tarea ni como ejercicio de desarrollo personal. Solo fíjate en qué momentos el tiempo parece detenerse, en qué actividades apareces tú de verdad, en qué cosas siempre habías querido hacer y nunca te has dado permiso de intentar. Ahí hay mucha información. Información sobre tu vocación, sobre tu carrera, sobre hacia dónde tiene sentido ir.
Marina tenía razón, el verano no dura para siempre. Pero lo que aprendes de ti en él, eso sí se queda. ¡Feliz verano!
Si algo te ha hecho click, si mientras leías ibas pensando 'soy yo'… cuéntamelo. Acompaño a personas en transición profesional a construir una vida que les guste y les dé paz. Y si lo que necesitas es desatascarte ya, tengo sesiones de desbloqueo profesional para eso exactamente. ¿Hablamos?
Y si quieres conocer mejor mi trabajo, soy coach de carrera especializada en transiciones profesionales. Acompaño a personas que sienten que algo tiene que cambiar en su vida laboral, pero todavía no saben exactamente qué ni cómo hacerlo.
Y también trabajo con empresas ayudándolas a comprender mejor qué ocurre para que las personas dejan de sentirse conectadas con su trabajo y así desarrollar estrategias de retención de talento. Al final, son dos caras de una misma realidad: la necesidad de entender qué está pasando para poder avanzar.