Cuando no te gusta tu trabajo se nota. Lo notan.
No finjas que estás bien si no lo estás.
Ayer publiqué un video en Instagram hablando del día que me dí cuenta de que no me gustaba mi trabajo (si te apetece, puedes verlo aquí). Fue justo el día en que me aumentaron el sueldo.
Confieso que llevaba tiempo quejándome de que no me reconocían ni a mí ni a mi trabajo (en ese tiempo, confundía esos conceptos) a nivel salarial. Pero, en el fondo, esa situación me daba permiso para la queja, para mirar ofertas en otras empresas y para soñar con que algún día dejaría ese trabajo y haría algo más alineado conmigo misma.
La realidad es que no sabía por dónde empezar. Llevaba 8 años trabajando en esa empresa y me había olvidado lo que era hacer algo nuevo por primera vez. Sentía que no sabía hacer nada más que eso y además me sentía poco agradecida. Primero, porque había una enorme crisis económica en España y, claro, ¿quién era yo para dejar un trabajo que, además, estaba bien pagado? Y segundo, porque trabajar en el sector de los eventos era algo que me había apasionado años atrás, cuando estaba acabando la carrera y me imaginaba mi futuro. Cuando pensaba en trabajar como relaciones públicas u organizando eventos parecía que los ojos se me iban a salir de las órbitas. Esos ojos brillantes eran la señal inequívoca de que mi futuro profesional era por ahí. ¿Qué me había pasado esos años para que, lo que en su día me fascinaba, de pronto no tuviera ningún sentido para mí?
Estaba agotada, me sentía drenada, me había convertido en una versión descafeinada de mí misma. Llegaba a trabajar con desgana y me daba pereza cualquier proyecto. Amaba a mis compañeros pero hasta verlos se me hacía pesado porque hablar de trabajo me parecía aburridísimo y se me había consumido la paciencia. Pero aún así, me habían aumentado el sueldo y tenía que dar la talla y demostrar que me lo merecía. Así que continué, me esforcé más, fingí sonrisas e ilusión. Me esforcé por estar bien, por que no se me notara y por seguir incrementando mi performance y obtener más y mejores resultados. Hasta que tuve un burnout. Ese fue el día en que dejé mi trabajo.
¿Sabes lo curioso de esta historia?
Después de publicar el video, me ha escrito una conocida que en esa época iba al mismo gimnasio que yo. Hacía muchos años que no sabía nada de ella y me ha dicho esto:
Es curioso como gente que apenas te conoce es capaz de percibir tanto de ti, incluso en los pequeños detalles. Cuando tu energía no se corresponde con tu esencia, cuando pierdes tu brillo, cuando estás apagada, se nota. Lo notan.
No finjas que estás bien si no lo estás. Y no esperes a que sea tu cuerpo quien tome la decisión por ti, ya sea por miedo o por no tener claro cuál es el siguiente paso.
Si algo te ha hecho click, si mientras leías ibas pensando 'soy yo'… cuéntamelo. Acompaño a personas en transición profesional a construir una vida que les guste y les dé paz.
Y si quieres conocer mejor mi trabajo y mi trayectoria, soy coach de carrera especializada en transiciones profesionales. Mi misión es ayudar a que trabajo y vida vuelvan alinearse. Las empresas pierden talento porque muchas veces no comprenden lo que sus profesionales necesitan. Las personas abandonan trabajos que ya no les representan porque no saben poner nombre a lo que les falta. Yo trabajo precisamente en ese punto de encuentro, generando una relación más saludable entre el talento y las organizaciones.