El storytelling define tu transición profesional

El sábado por la mañana estaba dando una vuelta por la playa mientras escuchaba uno de mis podcasts favoritos. Entrevistaban a un experto en comunicación no verbal y hablaban de cómo detectar una mentira.

Decían que cuando mentimos, nuestro cuerpo sufre cambios fisiológicos: variaciones en la respiración, microcambios en la temperatura… especialmente en la nariz.

En un momento, el entrevistador lanzó una pregunta que me dejó pensando:

—¿Y qué pasa cuando alguien se cree su propia mentira?

Y el experto respondió:

—Cuando una persona se cree su propia mentira, deja de ser una mentira. Es una verdad.

Desde entonces, no he parado de darle vueltas.

Trabajé en marketing muchos años, y siempre he sabido el poder del storytelling. Las historias (las que contamos y las que nos contamos) moldean mucho más de lo que creemos. Hay quien lo llama narrativa pero a mí me gusta “storytelling”. Tiene algo más vivo, una conotación más precisa.

Porque no va solo de contar historias sino de vivir dentro de ellas.

Por eso, al escuchar todo esto me acordé de algo que viví hace unos años.

Cuando llegué a Brasil, me hice una promesa. Me prometí que no iba a volver a España solo de vacaciones. Que quería viajar más por el país, conocer lo que tenía cerca, y que España también podía ser un lugar desde el que trabajar, no solo desconectar. Era más una intención que un plan claro.

Pero aun así, era la historia que yo había decidido creer.

Tiempo después, ya viviendo y trabajando en São Paulo, estaba en pleno proceso de cambio de trabajo.

La empresa con la que me estaba entrevistando no ofrecía flexibilidad geográfica. Aún así, antes de la segunda entrevista, hice algo que todavía hoy me impresiona: puse en prioridad ese sueño.

Le dije a mi futura jefa que tenía un vuelo a Barcelona para quedarme tres meses y que, si eso era un problema, prefería no seguir con el proceso.

Quizá no era lo más estratégico (porque realmente quería ese puesto) pero era coherente con la historia que yo había decidido creer: “puedo trabajar desde donde quiera.”

¿Y sabes qué pasó?

Me contrataron.

Y no solo eso, me fui a Barcelona, trabajé desde allí y acabé siendo promovida.

Claro que pensé que había sido suerte, pero me sentía súper suertuda y poderosa. Parecía que el universo me había escuchado.

Tiempo después, ocurrió un recorte de personal en la empresa. Y la primera persona que salió de mi departamento fue un compañero que siempre decía que quería irse a vivir a Barcelona. Quería hacerlo trabajando en remoto, pero la empresa no le dejó.

Podría haber interpretado eso como una señal de “cuidado”. Al fin y al cabo, yo había sido la última en entrar y podía verlo como una prueba de que mi idea no era tan viable.

Pero no lo hice. Porque yo me veía a mí misma como alguien que podía elegir dónde vivir. Como alguien cuyo valor no dependía de estar físicamente en un sitio. Y porque me merecía poder volver a mi país cuando yo quisiera.

Desde ahí, todo lo que ocurría… lo interpretaba en esa dirección.

Por eso, me gustaría hablar de dos cosas que me parecen clave:

  • El sesgo de confirmación: tendemos a ver solo aquello que confirma lo que ya creemos.

  • La disonancia cognitiva: ajustamos la realidad para no sentir incoherencia

En esa historia, yo no estaba mirando obstáculos. Estaba viendo pruebas de que para mí sí era posible. Cada cosa que funcionaba reforzaba mi historia.

Yo tenía muy claro algo: no quería volver a España “de vacaciones”. Quería volver desde una vida que me permitiera elegir: un trabajo con libertad geográfica.

Si lo miras desde fuera, puede parecer suerte o casualidad. O incluso excepción. Pero desde dentro, había algo mucho más claro: yo ya estaba viviendo como si eso fuera verdad.

Vivimos según la historia que nos contamos, no sobre “la realidad”. Y nuestro sistema entero (mente, cuerpo, decisiones) trabaja constantemente para sostener esa historia.

Por eso, quiero preguntarte ¿qué estás eligiendo ver? ¿Oportunidades? ¿O limitaciones?

Porque dependiendo de dónde pongas el foco, vas a construir una realidad completamente distinta.

Así que cuidado con tu storytelling. porque, poco a poco, termina definiendo cómo vives… y también cómo trabajas.

Una transición profesional no empieza cambiando de trabajo, sino cambiando la historia que te cuentas. Así que si estás en un momento de cambio de vida o carrera y sientes que tu historia ya no encaja contigo, necesitas reescribirla.

Y si no sabes por dónde empezar, escríbeme y me cuentas. Me dedico a acompañar procesos de transición profesional y coaching de vida y carrera.

Fotos de aquel verano en España después de que me contrataran

Next
Next

Cómo las palabras están moldeando tu vida y tu carrera.